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Poemas de Osvaldo Bossi

  Aunque Dios se olvidara de nosotros Era una jaula. Era una jaulita. Pieza y cocina y nada más. Con su ventana reglamentaria y una cortina de tela flotando entre las dos.   Aun así, todas las semanas yo cambiaba los muebles de lugar. Donde estaba el ropero, ponía la mesa. Donde la cama, el aparador. Era   una magia simple: poner a rotar el universo. A mí me salía a la perfección. De esta forma, no se caían las horas en un pozo. Por el contrario.   Barría la oscuridad y en la punta colocaba un florero. Viruta en mano, no paraba hasta dejar cada cacharro reluciente. Mamá se reía de mí.   Yo también me reía de mí. Como cuando corrijo un poema y busco el mejor lugar para cada palabra. Así yo armaba y desarmaba mi casa.   Ordenaba la luz. No importa si Dios se había olvidado de nosotros. Yo me acordaba de lavar el mantel. Abría el tocadiscos y ponía una canción   de Sandro o de José Feliciano, a todo lo que da. Tenía 12 años. Un palito de escoba parecía. Sin embargo, movía el ropero gigant

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