4 de octubre de 2020

UN POEMA DE NATALIA LITVINOVA

El geranio es la flor preferida de mamá.

Hay que ponerla junto a la ventana

para que ahuyente a los malos espíritus.


En el libro "Hierbas mágicas"

leí que una parcela de geranios rojos,

plantada cerca de la casa de una bruja,

avisa con sus movimientos

la llegada de visitantes.


En México, los curanderos purifican a sus pacientes

cepillándolos con geranios, ruda y pimienta.


Un día mamá me contó:


Una mujer tenía una casa húmeda

y de aspecto triste.

Se sentía miserable

pensando que todos vivían mejor.

Por las noches iba a visitar a sus vecinas

y se quejaba de su destino.

Una de ellas decidió regalarle un geranio:

Mirá, tiene un poder mágico,

ponela en el centro de la mesa,

cuidala bien.

 

Una flor te puede cambiar la vida.

 

¿Fue feliz esa mujer?,

le pregunté a mamá, pero no me contestó.

 

Al otro día entró en mi cuarto:

 

Cuando yo era joven,

tenía un solo vestido,

un abrigo para el invierno

y un par de sandalias,

la nieve se acumulaba

sobre mis dedos.

En verano salía al jardín,

me bañaba con baldes de agua,

la menta me rozaba

los tobillos,

fui feliz.

 

 

Natalia Litvinova

(en La nostalgia es un sello ardiente, editorial Llantén)

 

 

 

 

 

 


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