10 de marzo de 2018

MODOS DE LA PENUMBRA

Desde hace unas semanas, el edificio de al lado -que durante un año fue un racimo de martillazos, taladros y albañiles cantores- se ha ido llenando de habitantes má permanentes. Así que ahora cuando salgo a fumar, a escribir, a leer o a ver el pedacito de río que vislumbro entre otros edificios, siempre hay alguien que me saluda con la mirada huidiza de quien se descubre irrumpiendo sin querer en la intimidad de otro.

Un poco como sacar la silla a la vereda, pero en las alturas.

Nos vemos tender la ropa, regar las plantas; asomarnos en plena noche cuando un gato maúlla con insistencia o cuando algún borracho inicia su monólogo furioso entre los árboles de la cuadra. Ignoramos nuestros nombres, qué hacemos cuando pisamos tierra firme y nos mezclamos con los demás hasta volvernos invisibles. Con el tiempo, nos conoceremos sólo por los detalles. Quizás las nochecitas cálidas nos encuentren a todos descalzos, de entrecasa, rezumando el día en esta vereda inventada. Y quizás averigüemos algo más de nosotros mismos mientras las luces del puente se encienden, queriendo cortar la noche allá, a lo lejos.



Laura Rossi
Modos de la penumbra (fragmento). Antología de la calle inclinada (2017). Rosario: Marcelo Enrique Scalona.

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