4 de febrero de 2017

¡QUE OCURRA!

No, no me avergüenzo de repetir que de mis compañeros del arroyo aprendí más, conseguí un mayor aprecio de la literatura, que de los pedagogos que atestan nuestras salas del saber.

¿Para qué sirven los libros, si no nos devuelven a la vida, si no nos hacen beber la vida con mayor avidez? Como algunos sabemos, la propia búsqueda de un libro es a veces más satisfactoria que su lectura.

Si el "camino abierto" es el que hay que seguir en la travesía por la vida, lo mismo es aplicable sin lugar a dudas a la lectura. ¡Que sea una aventura! ¡Que ocurra! ¡Bastantes botones se pulsan todos los días a fin de hacer de este mundo cada vez menos apropiado para vivir en él!

La esperanza que todos abrigamos, al echar mano de un libro, es la de conocer a un hombre afín a nuestro corazón, (...), tal vez descubrir también una concepción de la vida que nos vuelva más adecuados para afrontar las pruebas y calvarios que nos asedian. Aumentar tan sólo nuestro caudal de conocimientos o mejorar nuestra cultura -signifique eso lo que signifique- me parece fútil.

En conjunto, he de decir que he encontrado hombres mejores -en todos los sentidos de la palabra- entre los incultos que entre los cultos del mundo. Los crímenes más monstruosos contra la Humanidad son obra todos los días de quienes han tenido todas las ventajas del saber. No podemos decir precisamente que, al volver más cultas a las personas, estemos volviéndolas mejores ciudadanos.

Un libro no es mejor que una roca, un árbol, una criatura salvaje, unas nubes, una ola o una sombra en la pared y, por lo general, no tan bueno como ellas,

HENRY MILLER

Texto completo en el blog de la editorial Eterna Cadencia, acá

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