7 de marzo de 2016

Todo hace ruido

Una noche navegando en la web, buscando encontrarme en alguna palabra, alguna imagen, di con Corazón de quimera, el blog que entonces llevaba adelante Jimena Arnolfi y que hoy continúa pero bajo otro título: El poema del momento. Recuerdo que leí dos o tres poemas suyos y me sentí aliviada: eran breves, lúcidos, tónicamente equilibrados. También uno de Wislawa Szymborska que hablaba sobre el vínculo de dos hermanas y me llenó de amor.

Así conocí a Jimena -nacida en Buenos Aires y radicada en la actualidad en Entre Ríos- y le pregunté primero si aceptaba ser mi amiga en Facebook y después si sus libros se distribuían en Rosario. Como esto último era muy poco probable, propuso enviarme por mail su libro Todo hace ruido. La generosidad de ese gesto ya fue un gusto para mí que siguió creciendo poema a poema.


A continuación comparto un texto donde intento plasmar las impresiones que me dejó su lectura y, más abajo, algunos poemas del libro.

Las cosas de frente

sobre Todo hace ruido de Jimena Arnolfi
(2013, Buenos Aires: Pánico el Pánico)

Todo hace ruido porque todo se mueve. En una obra de la dramaturga Romina Paula, uno de los personajes dice que todo lo vivo hace ruido, por más quieto o dormido que se encuentre, lo que está vivo, algo de ruido hace. El mundo es un motor en constante funcionamiento. La cabeza y el cuerpo.

Mucho ruido y pocas nueces, o al revés, como en el caso de este libro, poco ruido y muchas nueces: la cuestión pareciera ser también de estilo. En Todo hace ruido la voz poética es un ruido seco, seco por lo contundente, porque lo mojado chorrea, se deforma, ensucia, estropea. Así se trata a la vez de una cuestión de tempo: cada poema es un golpecito certero, dado en el momento preciso, un pequeño golpe que no rompe ni daña las cosas sobre las que cae sino que produce en ellas una vibración distinta, algún nuevo sonido. Como si las letras del poema fuesen las teclas de un piano: entonces una música transcurre sobre el ruido confiriéndole un orden diferente, pero la música no sobrevuela al ruido, está pegada a él, ella misma es ruido, igual que el cielo y los árboles están en el medio de la ciudad, entremezclados con sus edificios, cables y antenas, salvaguardándola de tanto vicio urbano. Es que la poesía es natural, según Juan L. Ortiz “está como en el aire”. Y si no, puede llegar a ser una bella arquitectura o un sofisticado artefacto con virtuosismo pero sin corazón, destinado a quedar confinado en el espacio y a perecer con el paso del tiempo.

Acá los poemas tienen bordes definidos, no son empalagosos ni pretenciosos, tampoco languidecen ante la banalidad aparente de las escenas cotidianas. Esa definición de los bordes está dada en parte por el tono general de afirmación que hay en los poemas (contadas veces aparecen las expresiones “creo” o “no sé”), pero en mayor medida lo está por cierto coraje en la escucha, no, valor, cierto valor -coraje sí suena empalagoso y pretencioso-: cierto valor para escuchar las cosas de frente, sin apabullarse ni desentenderse. Antes que humildes, son poemas justos. Antes que lamentarse por la ausencia de silencio, saben que pueden encontrarlo ahí, en el fondo o en los ecos de todo lo que hace ruido.

Ideas buenas y desesperadas
Miro por la ventana,
los pájaros se juntan
para volver a sus hogares cuando cae la noche,
el corazón me tira los ojos para adentro.
Creí que sería capaz de dormir
pero hay un problema en todo esto.

Afuera
Los días caen como frutos
y yo acá parada
preguntándome por el camino.

Una casa con jardín
Me obsesionan algunos detalles
como esa vez que me enseñaste
a poner el plato abajo de las plantas
para que ellas puedan tomar cuando quieran.
En seguida pensé que esas cosas
dicen mucho de vos.
Las plantas chiquitas crecen mejor
si alguien las ayuda.

La boca del lobo
No es que quiera conseguir algo
pero necesito salir
de donde estoy.
Llamo, busco al tanteo
tengo el cuerpo dormido
pero la voz habla.
Espero con fe
delante de la puerta cerrada.
Abro la heladera con fe
me visto con fe
bailo cumbia con fe.
No pasa nada
cuando hago las cosas con fe
pero voy a insistir.

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